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UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE AGUASCALIENTES: LA INSTITUCIÓN QUE CRECIÓ ABRIENDO LAS CARRERAS QUE FALTABAN EN LA ENTIDAD

La Politécnica de Aguascalientes arrancó el ciclo con 3,107 estudiantes, la matrícula más alta que ha registrado. Uno de cada seis de nuevo ingreso viene de otro estado. Su rector explica una fórmula sin misterio: abrir las carreras que nadie más ofrece en la entidad.

La Universidad Politécnica de Aguascalientes inició clases el 2 de septiembre con 3,107 estudiantes inscritos. Es la matrícula más alta en los 24 años de vida de la institución, según sus áreas de estadística y planeación, y representa un crecimiento de 28 por ciento respecto de 2023-2024, cuando la matrícula tocó su punto más bajo reciente con 2 mil 427 alumnos.

El dato llama la atención por el contexto. Se trata de una universidad pública estatal fundada en 2002, de perfil eminentemente técnico, que compite por estudiantes en una entidad donde la Universidad Autónoma de Aguascalientes concentra históricamente la demanda de educación superior pública. Y crece, además, en un momento en que buena parte del sistema universitario mexicano enfrenta dificultades para sostener su matrícula.

Su rector, Otto Granados Franco, atribuye el resultado a una combinación de factores en la que ninguno es espectacular por sí mismo.

Las carreras que nadie más tiene
El primero es la apertura deliberada de programas que no existían en la entidad o que estaban reservados a la oferta privada. La Politécnica abrió Ingeniería en Aeronáutica en 2021 y sigue siendo la única institución de Aguascalientes que la imparte. Hace dos años incorporó Arquitectura Bioclimática, con lo que el estado pasó de tener una sola opción pública en el área a tener dos. Este año sumó Ingeniería Financiera.

El razonamiento es explícito. “La oferta de arquitectura en universidades públicas estaba prácticamente monopolizada por la Autónoma de Aguascalientes”, señala Granados Franco. Quien quería estudiar el área en el sistema público tenía una sola alternativa en el estado; hoy tiene dos.

Es una lectura de mercado poco común en el discurso universitario mexicano, que suele hablar de pertinencia y vocación institucional antes que de huecos en la oferta. Aquí el argumento es de disponibilidad: los programas crecen porque atienden una demanda que el sistema estatal no estaba cubriendo.

El programa que se dividió y terminó duplicándose
El segundo factor fue, según reconoce el propio rector, inesperado. A partir de 2024, con la entrada del nuevo modelo educativo del subsistema de universidades politécnicas, la Licenciatura en Negocios Internacionales se separó en dos programas independientes: Comercio Internacional y Aduanas por un lado, y Negocios y Mercadotecnia por el otro.

“Contra lo que esperábamos, que era una división de la matrícula del programa anterior, lo que observamos es que no la dividió, sino que más bien la duplicó”, explica Granados Franco.

El tercer factor es geográfico. La institución ha ganado presencia en el sur de Zacatecas y en Los Altos de Jalisco, y eso se refleja en los números: de los 1,173 estudiantes de nuevo ingreso de este ciclo, 194 provienen de otras entidades. Uno de cada seis.

A esa lista el rector agrega un elemento que rara vez aparece en las explicaciones institucionales sobre matrícula: el entorno de seguridad del estado. “Nos lo han comentado tanto los padres de familia como los alumnos”, señala, al referirse a estudiantes foráneos que consideran a Aguascalientes por esa razón.

La vocación del estado, leída desde la matrícula
Los programas con mayor demanda del ciclo dibujan con precisión el aparato productivo de Aguascalientes. Ingeniería Mecánica Automotriz encabeza la lista con 202 estudiantes de nuevo ingreso, seguida de Ingeniería Mecatrónica con 180 y de la Licenciatura en Comercio y Aduanas con 152.

Granados Franco lo vincula directamente a la historia industrial de la entidad: la presencia de Nissan desde hace décadas, la planta de la alianza con Mercedes-Benz y la red de proveedores de primero, segundo y tercer nivel que se instaló alrededor. “Es coincidencia con la industria del estado”, responde cuando se le pregunta si el diseño de la oferta fue deliberado.

El movimiento reciente, sin embargo, apunta a otro lado. Ingeniería en Tecnologías de la Información e Innovación Digital recibió 146 estudiantes de nuevo ingreso y ha crecido de manera sostenida en los últimos tres años. El rector lo atribuye a la llegada de empresas del sector al estado.

Un cambio de modelo que no se ve en el aula
Los registros de matrícula de la Politécnica muestran una particularidad que puede confundir: la totalidad de los mil 173 estudiantes de nuevo ingreso aparece inscrita en programas de Técnico Superior Universitario, no en ingenierías o licenciaturas.

No refleja un cambio en lo que estudian los jóvenes. Desde 2024, el nuevo modelo educativo coordinado con la Dirección General de Universidades Tecnológicas y Politécnicas establece que los primeros seis cuatrimestres se cursan bajo la figura de TSU y que del séptimo al décimo el estudiante continúa en la ingeniería o licenciatura correspondiente. Quien lo desee puede titularse como TSU al concluir los dos primeros años; es un derecho, no una ruta obligada.
“Es una cuestión meramente normativa”, precisa el rector. “Nosotros no estamos en el interés de que nuestros alumnos sean técnicos superiores universitarios, sino de que sean licenciados e ingenieros, habiendo concluido los programas completos”.

Aún no hay forma de saber cuántos optarán por la salida temprana. La primera generación formada bajo el modelo cursa apenas su sexto cuatrimestre y concluirá el próximo año. Granados Franco anticipa que la mayoría continuará.

La cifra que la propia universidad está revisando
La Politécnica ha difundido durante años un indicador de 90 por ciento de colocación laboral de sus egresados. Consultado sobre cómo se mide, el rector responde con una franqueza inusual en el sector.

El dato, explica, es aproximado y depende del momento en que se levante: a los tres o cuatro meses del egreso, muchos estudiantes siguen en estadía o apenas concluyen. La metodología anterior se basaba en encuestas de seguimiento aplicadas a una muestra de egresados y no al total. La institución trabaja en afinarla.

“Se ha estado trabajando en perfeccionar la metodología para poder tener un número mucho más cercano a la realidad”, señala. Su estimación, mientras tanto, se ubica entre 80 y 90 por ciento de colocación en un plazo de seis a doce meses tras el egreso.

El reconocimiento del Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior ofrece un contrapeso externo. En agosto, Ingeniería Mecánica Automotriz e Ingeniería en Sistemas Computacionales —hoy denominada Ingeniería en Tecnologías de la Información e Innovación Digital— fueron incorporadas al Padrón EGEL Plus 2023-2025, un registro de 52 instituciones en el que solo figuran dos universidades politécnicas del país.

Mil seiscientas certificaciones que no aparecen en los folletos
Uno de los activos menos visibles de la institución es un programa de certificaciones profesionales que corre en paralelo a los planes de estudio y que acumula 1,608 credenciales obtenidas por estudiantes de seis carreras.

La de mayor alcance es SolidWorks, la plataforma de diseño asistido por computadora, con 289 certificaciones concentradas en Mecatrónica, Mecánica Automotriz y Aeronáutica. Le siguen Excel con 249, Mendix con 215, Cisco con 193 y Scrum con 144. Los distintos niveles de Lean Six Sigma suman 124 entre cinturones amarillos, verdes y uno negro. Python acumula 113 y Java SE 35.

La lógica la explica el propio rector: en las áreas de tecnologías de la información, el título universitario no basta. “No necesariamente son los títulos universitarios, sino que ese título venga complementado con certificaciones avaladas por las empresas del sector”, señala Granados Franco.

Algunas certificaciones no tienen costo y otras sí, sobre todo en los niveles avanzados. La institución empuja a los estudiantes de cuatrimestres superiores a asumirlas como inversión, y, según el rector, el argumento ha ido calando conforme los propios alumnos comprueban que esas credenciales les abren puertas antes de egresar.

El programa también mira hacia afuera. La Academia de Tecnologías de la Información de la Politécnica capacitó y certificó en Python a 600 estudiantes de bachillerato de Aguascalientes, un trabajo por el que Huawei le otorgó la distinción Most Effective ICT Academy Instructors. Es formación que la universidad imparte a jóvenes que aún no son sus alumnos y que, eventualmente, pueden serlo.

En diciembre, la institución comenzará a certificar estudiantes en AWS Cloud Practitioner y AWS Cloud Security, luego de haber sido aceptada este año como Academia de Amazon Web Services y de albergar el único club de la plataforma en el estado.

Salir al extranjero sin presupuesto para hacerlo
La institución registra más de cien movilidades internacionales en la administración actual. La pregunta obvia —cómo se financian desde una universidad pública estatal pequeña— tiene una respuesta directa: en su mayor parte, no las financia la universidad.

“La mayoría se lo costean los alumnos por sus propios medios”, reconoce Granados Franco. Cuando es posible, la institución gestiona apoyos ante gobiernos estatales y municipales, y ante legisladores y regidores que disponen de bolsas de gestión social.
El resto opera por tres vías. La primera es Gigantes por el Mundo, programa del gobierno estatal que envía a jóvenes universitarios a proyectos comunitarios en el extranjero durante dos o tres semanas de verano. La segunda son las estadías: el modelo educativo obliga a los estudiantes a realizar una estancia profesional de tiempo completo en el sexto y en el décimo cuatrimestre, y algunos consiguen colocarse fuera del país —como los dos alumnos que desarrollaron en la Universidad de Alcalá un sistema de vivienda inteligente para personas mayores. La tercera son los viajes de estudios: Hungría en mayo pasado, Inglaterra, Italia y España el año anterior, y para noviembre un viaje a China que incluye cuatro semanas de capacitación con el grupo automotriz Beifang, tres de ellas en Beijing.

En aeronáutica, doce estudiantes han cursado en los últimos dos veranos la Summer School in Aeronautics and Space de la Communauté d’Universités et Établissements de Toulouse, en una de las capitales mundiales del sector.

Lo que falta
Consultado sobre qué querría dejar instalado al concluir su administración en 2027 —el mismo año en que la universidad cumple 25—, el rector no menciona crecimiento, sino consolidación.

El caso más difícil es Microelectrónica y Semiconductores, un programa alineado con las prioridades del Plan México que este ciclo recibió apenas 12 estudiantes de nuevo ingreso, la cifra más baja de toda la oferta. “Todavía no logramos hacer ese match con los jóvenes”, admite. Los estudios de pertinencia y los análisis situacionales de trabajo indican demanda laboral; la demanda estudiantil no ha llegado.

El otro pendiente es el laboratorio de Aeronáutica. La primera etapa —el hangar— está en construcción, y la institución busca recursos para la segunda. Granados Franco sostiene que, al concluirse, sería una infraestructura académica sin equivalente en la región centro-occidente con la excepción de Querétaro.

Es, en el fondo, la misma lógica que ha sostenido el crecimiento de la matrícula: identificar lo que la región necesita y todavía no tiene, y construirlo.

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